En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica y la reconfiguración de alianzas, el grupo BRICS —originalmente conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— ha dejado de ser una promesa de economías emergentes para convertirse en un actor con peso propio en el tablero global. Hoy, con la incorporación de países como Irán, Arabia Saudí, Egipto, Etiopía y Emiratos Árabes Unidos, el bloque se expande no solo en número, sino en ambición⁽¹⁾⁽²⁾.
Presente: Un bloque en expansión
La reciente cumbre celebrada en Río de Janeiro en julio de 2025 marcó un punto de inflexión. Con diez miembros plenos y otros diez en lista de espera, BRICS representa:
- Más del 56% de la población mundial
- Cerca del 49% del PIB global
- Aproximadamente el 40% de la masa terrestre del planeta ⁽³⁾
Este crecimiento refleja un claro objetivo: consolidarse como contrapeso al G7 y reforzar la voz del Sur Global en los asuntos internacionales⁽¹⁾. La desdolarización, la cooperación energética y la creación de instituciones financieras alternativas son parte del nuevo vocabulario estratégico del grupo.
Devenir: Entre la diversidad y la coordinación
Sin embargo, el bloque enfrenta desafíos estructurales:
- Heterogeneidad económica: Las economías BRICS varían enormemente en tamaño, estructura y ritmo de desarrollo⁽²⁾
- Tensiones geopolíticas internas: Las diferencias entre China e India, o el papel de Rusia en conflictos internacionales, complican la cohesión
- Ausencias simbólicas: La no participación de líderes clave como Xi Jinping en la última cumbre refleja fisuras diplomáticas⁽¹⁾
La ampliación del grupo, aunque estratégica, también exige una redefinición de sus mecanismos de toma de decisiones y una mayor institucionalización.
Futuro: ¿Un nuevo orden multipolar?
De cara a 2030, las proyecciones económicas sugieren que algunas economías BRICS podrían liderar el crecimiento global⁽²⁾. Pero más allá de los números, el verdadero reto será construir una narrativa común que trascienda intereses nacionales y logre articular una visión compartida del desarrollo, la justicia global y la sostenibilidad.
Si BRICS logra superar sus contradicciones internas y consolidar su influencia, podría convertirse en el núcleo de un nuevo orden multipolar. Si no, corre el riesgo de diluirse en una alianza simbólica sin capacidad real de transformación.
En definitiva, BRICS está en una encrucijada. Su presente es prometedor, su devenir incierto, y su futuro dependerá de su habilidad para convertir diversidad en fortaleza. El mundo observa, y el Sur Global espera.


