Redacción The Daily Journal
Washington, Nov. 25, 2025. – Las redes sociales están llenas de análisis y predicciones sobre la aparente colisión militar inminente entre los EE. UU. y Venezuela, y, por otro lado, la empresa petrolera norteamericana Chevron sigue produciendo y exportando petróleo en Venezuela como si nada estuviera pasando.
De igual manera, otras empresas petroleras europeas, como la italiana ENI y la española Repsol, están concentradas y trabajando con normalidad, como si el ruido cercano de un conflicto militar solo existiera en la imaginación de los internautas.
Un gran tanquero de petróleo ruso llegó al Complejo Petroquímico, sumándose a las docenas de barcos que esperan cargar petróleo en la bahía de Pozuelos. La teoría del loco podría caber muy bien en esta extraña realidad de las empresas petroleras.
La “teoría del loco” es una estrategia de política exterior atribuida principalmente al presidente estadounidense Richard Nixon, pero que ha sido aplicada por otros líderes y ha sido ampliamente analizada en estudios de seguridad y de negociación internacional.
La teoría del loco es una estrategia de negociación y de presión geopolítica basada en hacer creer al adversario que el propio líder es impredecible, irracional o capaz de tomar decisiones extremas, incluso desproporcionadas. La idea central es simple: si el enemigo cree que estás dispuesto a “hacer cualquier cosa”, incluso algo peligroso, entonces cederá para evitar un conflicto mayor.
Washington y Caracas parecen atrapados en una dinámica que recuerda directamente a la Teoría del Loco: mientras Estados Unidos despliega un poder militar abrumador alrededor de Venezuela y envía señales impredecibles sobre posibles operaciones —desde ataques selectivos hasta negociaciones de último minuto—, el mensaje estratégico es calculado: convencer al gobierno de Maduro de que Trump está dispuesto a llegar “hasta donde sea necesario”.
Del otro lado, Caracas intenta proyectar firmeza, aun cuando la relación de fuerzas es abismal. Sin embargo, esta tensión convive con una paradoja que desconcierta a los analistas: en medio de la retórica bélica, las petroleras extranjeras —incluida la estadounidense Chevron y otras— continúan operando en Venezuela con total normalidad, como si estuvieran al margen del choque diplomático y militar.
Esa coexistencia entre una crisis geopolítica en el Caribe y actividades económicas sin interrupción en Venezuela refleja la esencia de la Teoría del Loco: ambos actores juegan con la percepción de irracionalidad, usando movimientos imprevisibles para ganar ventaja, mientras sectores estratégicos actúan como si nada estuviera a punto de estallar.


