CRÍMENES SIN GUERRA

TDJ

@tdj.news Washington, D.C., 1 de diciembre. — Informes surgidos esta semana desde el Caribe, en el contexto de la Operación Lanza del Sur, señalan que en uno de los ataques se habría utilizado un segundo misil para rematar a dos sobrevivientes heridos de una embarcación destruida. Aunque algunos detalles operacionales aún se encuentran en verificación, el uso deliberado de fuerza letal adicional contra personas incapacitadas ha generado preocupación significativa entre analistas jurídicos y diplomáticos en Washington y exige ser evaluado en el marco legal que rige las operaciones militares de los Estados Unidos.
En el ámbito del Derecho Internacional Humanitario, la ausencia de una declaración formal de guerra no modifica las obligaciones que rigen el uso de la fuerza. Para los Estados Unidos, estas obligaciones derivan de los Convenios de Ginebra —que son tratados plenamente vigentes— y de la legislación interna, incluyendo el War Crimes Act (18 U.S.C. § 2441) y el Uniform Code of Military Justice (UCMJ). Estos instrumentos prohíben expresamente causar la muerte a personas heridas, desarmadas o fuera de combate y establecen responsabilidad penal individual para los mandos y ejecutores que incurran en tales actos.
El War Crimes Act tipifica como delito federal cualquier violación grave de los Convenios de Ginebra, mientras que el UCMJ regula la responsabilidad directa de personal militar en casos de uso ilegítimo de la fuerza, homicidio no autorizado o ejecución extrajudicial.
Ambos marcos jurídicos imponen obligaciones estrictas que deben cumplirse independientemente del tipo de operación o del lenguaje político empleado para describirla.
Asimismo, los Convenios de Ginebra exigen el respeto absoluto de los principios de distinción, proporcionalidad y necesidad militar. Estas normas prohíben atacar a personas heridas o incapacitadas, incluso en contextos operativos difíciles y complejos. Cualquier violación de estas obligaciones —especialmente cuando implica el uso de un segundo misil contra individuos que ya no representan amenaza alguna— requiere un examen riguroso.
No hace falta ser abogado para entender lo esencial. Por un lado, las operaciones recientes en el Caribe ya suman alrededor de 80 muertes. Pero, además de ese total, existe un hecho completamente separado y especialmente grave: en uno de los ataques de la Operación Lanza del Sur se habría lanzado un segundo misil para rematar a dos heridos. Eso no constituye una acción militar legítima; es algo que, desde cualquier perspectiva legal, ética, moral y, elementalmente, humana, resulta absolutamente inaceptable.