Gaza, la paz que se desvanece entre escombros

La reanudación de los bombardeos en Gaza, apenas horas después de la proclamación de un nuevo alto el fuego, ha dejado al descubierto la extrema fragilidad de los acuerdos alcanzados entre Israel y Hamás. Más de 100 muertos, entre ellos 46 niños, en un solo día⁽¹⁾. ¿Qué clase de paz permite semejante tragedia?

El acuerdo, celebrado por líderes internacionales como un paso hacia la estabilidad, parece más una pausa táctica que una verdadera intención de reconciliación. La muerte de un soldado israelí en Rafah y el retraso en la entrega de cuerpos de rehenes bastaron para que el frágil pacto se hiciera añicos⁽²⁾. En menos de 12 horas, Gaza volvió a ser escenario de fuego, destrucción y luto.

La estructura del acuerdo, por fases y sin garantías sólidas, ha sido criticada por analistas como una gestión del conflicto más que una solución real⁽³⁾. La resistencia palestina, por su parte, nunca lo vio como un blindaje contra futuras agresiones, sino como una tregua condicionada por intereses externos.

Mientras los hospitales colapsan y las familias entierran a sus muertos, el mundo observa con una mezcla de impotencia y resignación. ¿Cuántas veces más se repetirá este ciclo de promesas rotas y violencia renovada?

La paz en Gaza no puede construirse sobre escombros ni sobre acuerdos que se desmoronan al primer disparo. Requiere voluntad política, garantías internacionales y, sobre todo, el reconocimiento de la humanidad de quienes viven bajo el cielo bombardeado de la Franja.

Porque si cada intento de paz termina en una masacre, entonces no estamos negociando la paz, sino el calendario de la próxima tragedia.