Iglesia de Nicaragua a octubre de 2025: Fe y resistencia ante la persecución

FERNANDO QUIROZ

Contexto de una crisis

La situación de la Iglesia católica en Nicaragua a octubre de 2025 representa un caso emblemático de persecución religiosa en el siglo XXI. Lo que comenzó como tensión política se ha transformado en una campaña sistemática de represión por parte del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo contra la última institución independiente de importancia en el país. Desde las protestas de 2018, cuando la Iglesia sirvió como mediadora y refugio para manifestantes, el gobierno sandinista ha identificado a la institución eclesial como una amenaza directa a su control absoluto del poder. Este ensayo examina la compleja situación de la Iglesia católica nicaragüense en el octavo mes de 2025, analizando las estrategias de persecución, las formas de resistencia eclesial y las recientes dinámicas diplomáticas que caracterizan este conflicto entre el altar y el estado.

La dimensión cuantitativa: Un ecosistema eclesial diezmado

Expulsión sistemática del liderazgo religioso

El impacto más visible de la persecución ha sido la expulsión forzada de al menos 261 religiosos del país, según documenta el Colectivo Nicaragua Nunca Más en su informe «Fe bajo fuego» . Entre los expulsados se encuentran figuras clave del liderazgo eclesial como el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Carlos Enrique Herrera Gutiérrez, y los obispos Silvio José Báez Ortega, Rolando José Álvarez Lagos e Isidoro del Carmen Mora Ortega . La magnitud de este exilio forzado se evidencia en el detalle: aproximadamente 140 sacerdotes, más de 90 religiosas, cerca de una decena de seminaristas y tres diáconos han sido obligados a abandonar el país . Este destierro masivo representa una descabezación calculada de la estructura pastoral, destinada a dejar a las comunidades católicas sin guía espiritual y a debilitar la capacidad institucional de la Iglesia.

Erosión de la infraestructura eclesial

El asedio gubernamental se ha extendido más allá de las personas hacia las instituciones y medios de comunicación católicos. Entre 2018 y 2025, el régimen ha cerrado 5.609 asociaciones sin fines de lucro, de las cuales 1.294 eran de carácter religioso . Esta ofensiva incluye el cierre de 54 medios de comunicación, 22 de ellos religiosos, entre canales de televisión y emisoras de radio . Según el informe «Nicaragua: Una Iglesia Perseguido» de Martha Patricia Molina, documento que en octubre de 2025 fue entregado personalmente al Papa León XIV , las autoridades estatales han prohibido más de 16.500 procesiones religiosas desde 2019 . Esta sistemática destrucción de la infraestructura eclesial revela una estrategia destinada a eliminar cualquier espacio de autonomía civil que pudiera desafiar el monopolio del poder estatal.

La dimensión cualitativa: Mecanismos de control y represiónControl estatal de las expresiones de fe

El régimen de Ortega y Murillo ha implementado mecanismos sofisticados para controlar y suprimir las expresiones religiosas. Por tercer año consecutivo, se han prohibido las procesiones de Semana Santa , reemplazándolas en algunos casos con eventos gubernamentales diseñados para dar la impresión de normalidad religiosa . La policía nacional ha desplegado aproximadamente 14.000 agentes para impedir procesiones durante la Semana Santa de 2025 , mientras que en las iglesias, agentes de civil toman fotografías a los fieles que asisten a la Eucaristía dominical y graban las homilías . Según el «Plan Verano 2025» documentado por investigadores, los sacerdotes reciben órdenes explícitas de «no autorización para realizar procesiones» y «no mencionar nada contra el ‘gobierno’ en sus homilías y actividades religiosas» . Este control se extiende incluso al requerir que algunos sacerdotes reporten semanalmente a la policía para interrogatorios y aprobación de sus sermones .

Criminalización del ministerio pastoral

El ejercicio mismo del ministerio pastoral se ha criminalizado progresivamente. Los religiosos enfrentan restricciones a su libertad de movimiento, impedimentos para ministeriar en áreas que han perdido sus líderes espirituales debido al exilio, y constantes campañas de difamación, intimidación y acoso . El caso del obispo Rolando Álvarez es emblemático: después de ser detenido arbitrariamente desde agosto de 2022 y condenado a 26 años de prisión sin debido proceso, finalmente fue expulsado y enviado al Vaticano en enero de 2024 . La represión se ha extendido también a grupos protestantes y evangélicos, con el cierre de universidades, desaparición forzada y criminalización de pastores y líderes evangélicos . Esta criminalización de las actividades religiosas independientes refleja lo que el exlíder opositor Félix Maradiaga describe como un modelo similar al de China, donde se busca «crear una iglesia paralela» y «tomar posesión de los símbolos de la fe» .

Resistencia y resiliencia: La respuesta de la Iglesia

Perseverancia de la fe popular

Frente a esta persecución sistemática, la fe del pueblo católico nicaragüense ha demostrado una notable resiliencia. A pesar de los riesgos, los fieles continúan llenando las parroquias durante ocasiones importantes como la Semana Santa . El periodista Israel Espinoza, exiliado en España, testimonia que «la fe de los cristianos nicaragüenses es digna de admiración y solidaridad» . Esta perseverancia se manifiesta en adaptaciones creativas de las prácticas religiosas: donde antes había procesiones multitudinarias que recorrían las calles, ahora se realizan celebraciones dentro de los templos o, en casos limitados, procesiones reducidas que solo salen brevemente frente a las parroquias . Como expresó el obispo Silvio Báez desde el exilio: «La dictadura de #Nicaragua ha prohibido las procesiones callejeras. Lo que no podrán impedir es que el Crucificado revele su victoria en cada lucha por la verdad y la justicia» .

Sostenimiento de la vida vocacional

Uno de los aspectos más notables de la resistencia eclesial ha sido la continuidad de la vida vocacional en medio de la persecución. El 7 de junio de 2025, en un gesto cargado de significado, el Cardenal Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua, ordenó a ocho nuevos diáconos en una catedral abarrotada de fieles . Durante su homilía, el Cardenal Brenes compartió su gratitud a Dios «porque nos ha escuchado» y contrastó la situación nicaragüense con la crisis vocacional que afecta a otros países . Mencionó específicamente que algunos obispos en otras naciones «tienen años de obispo sin hacer una ordenación», mientras que en Nicaragua, a pesar de las dificultades, 34 jóvenes se reúnen periódicamente para discernir su vocación . Este hecho sugiere que la persecución, en lugar de extinguir la fe, podría estar fortaleciendo el compromiso de las nuevas generaciones.

Perspectivas internacionales y diplomáticas

Posicionamiento del Vaticano

Las relaciones entre la Santa Sede y Managua han permanecido congeladas desde 2023, cuando el gobierno expulsó al nuncio apostólico y el papa Francisco denunció lo que llamó una «dictadura grotesca» . En octubre de 2025, la situación llegó directamente al escritorio del Papa León XIV, cuando la defensora de derechos humanos Muriel Sáenz le entregó personalmente el informe documentando la persecución religiosa . Este gesto indica que los católicos nicaragüenses continúan buscando apoyo moral en Roma, incluso cuando las relaciones diplomáticas permanecen rotas . Según algunas fuentes, podría estar produciéndose un sutil «efecto León XIV» en Nicaragua, donde el régimen estaría observando cómo abordará el nuevo Papa la cuestión nicaragüense . La ordenación de diáconos en Managua en junio de 2025 ha sido interpretada por algunos como un posible gesto de buena voluntad del régimen hacia la Santa Sede .

Respuesta de la comunidad internacional

La comunidad internacional ha respondido con creciente preocupación a la situación nicaragüense. El Departamento de Estado de Estados Unidos añadió a Nicaragua a la lista de Países de Particular Preocupación (CPC) por sus severas violaciones de la libertad religiosa . La Comisión de Estados Unidos sobre la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) ha renovado su recomendación de que Nicaragua sea designada como CPC, calificando el estado de la libertad religiosa como «abyecto» . Por su parte, el Grupo de Expertos en Derechos Humanos de la ONU sobre Nicaragua ha concluido que existen motivos razonables para creer que las autoridades nicaragüenses han cometido violaciones generalizadas de derechos humanos que constituyen crímenes de lesa humanidad . Nicaragua respondió retirándose del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en febrero, acusando a estos organismos de ser parte de una «campaña de difamación internacional» .

Entre la esperanza y la incertidumbre

A octubre de 2025, la Iglesia católica en Nicaragua navega por aguas turbulentas, caracterizadas por una persecución sistemática pero también por una resistencia inspiradora. El régimen de Ortega y Murillo ha logrado diezmar significativamente el liderazgo eclesiástico y la infraestructura pastoral mediante expulsiones, cierres y controles asfixiantes. Sin embargo, no ha podido extinguir la fe de un pueblo que encuentra en el catolicismo no solo un consuelo espiritual sino también un espacio de resistencia civil pacífica. Los signos de esperanza -como las ordenaciones diaconales y el discernimiento vocacional de jóvenes- coexisten con la cruda realidad de una represión que sigue intacta. El reciente involucramiento del Papa León XIV introduce un factor potencialmente significativo en esta ecuación, aunque queda por verse si se traducirá en una distensión tangible o en una solución diplomática a la profunda crisis que afecta a la Iglesia y al pueblo nicaragüense en su conjunto. Lo que queda claro es que, frente a la opción entre rendirse o resistir, la Iglesia católica en Nicaragua ha elegido firmemente lo segundo.