Cálmense mis queridos lectores. Esto no es una invitación a un estallido social. Es un compendio de presunciones basado, en ciertas inquietudes al estilo de Einstein, que explica la formación de puentes entre realidades observables y pensamientos abstractos.
El 27 de julio podría haber en Venezuela, una revolución de incalculable valor histórico. Todo depende si la gente entiende su rol, y sale a votar. Porque estarán en juego, la legitimación de liderazgos y gestiones posicionadas por su eficiencia, y no por el portaviones que estarían abordando, amén del surgimiento de nuevos actores en la escena de las funciones públicas locales.
El municipio en Venezuela tiene raíces europeas, como herencia del colonialismo español adaptándose al formato de cabildos. Surcó los tiempos del renacimiento y la Revolución Francesa. Y léase bien, aquí en la nación de Miranda y Bolívar, con la estructura comunal que viene cual rinoceronte gris, se van a erigir miles de municipios, en la idea política propuesta, como es el caso de las comunas. Así que nadie se enoje, ni se inquiete. Más bien a integrarse en esta profundización que aunado al tema de la cultura política municipal daría al traste, y en buena hora, a las praxis locales negativas.
Pueden llamarles comunas, o pequeños municipios, en el fondo, en lo sustantivo; lo que interesa, es el cómo se adoptan posiciones disruptivas en la gestión pública, para hacer que la democracia siga siendo perfectible, y se encuentren salidas a las exigencias y necesidades de alto valor nacionalista.
Acudimos a unas elecciones donde la ciudadanía perfectamente puede oponerse a una autoridad establecida y responder, ambas en clave de Norberto Lechner, a condiciones estructurales de injusticias o privaciones, por omisiones, impericias o defraudaciones adrede del erario público, y de la propia esperanza ciudadana.
La capacidad organizativa y consciencia de los actores políticos está siendo desafiada, para cambiar de manera profunda, el sistema histórico y la política propiamente dicha, en la que viene siendo escrita.
Estamos en tiempos de revolución queridos lectores. En época, como diría el sociólogo Alexis Cortés, del mejor escenario para una “expresión sociológica colectiva. De articulación entre experiencias personales, historia reciente y el reconocimiento de los padecimientos, como productos de estructuras sociales”, que a la luz de la mayoría nacionalista, y consustanciada, con los altos valores del país, haya que hacerse. Es decir emprender lo que sea necesario.
No ha perdido vigencia aquella idea, de la Red de Acción Municipal que dejamos inscrita en algunos medios de comunicación, y que pudimos ampliar en nuestra opera prima escrita:
“Cultura Política y Municipio”. Obra que pretendemos actualizar y relanzar.
Es necesario acotar, a estas alturas, que el municipio o las comunas, son profundamente revolucionarias. Y que no son estructuras buenas o malas per se. Su vigencia, misión y fortalezas visionarias estarán en su correcta adaptación a los nuevos tiempos, y a la cultura política que se desarrolle.
Wilmer Rosas / Editor


