Equipo Político Iberopress Reporters
Una intervención armada de Estados Unidos en Venezuela tendría profundas repercusiones geopolíticas, fracturando el equilibrio regional en América Latina, polarizando la política interna estadounidense y reactivando tensiones con potencias como China y Rusia.
Escenario de intervención: ¿una amenaza real?
La escalada militar de Estados Unidos en el Caribe, bajo la llamada Operación Lanza del Sur, ha sido presentada como una ofensiva contra el narcotráfico. Sin embargo, la inclusión del presidente Nicolás Maduro en la lista de líderes terroristas y el despliegue del portaaviones USS Gerald Ford cerca de aguas venezolanas han sido interpretados como señales de una posible intervención armada⁽¹⁾⁽²⁾.
Este escenario, aunque aún hipotético, se inscribe en una estrategia de presión máxima que combina sanciones económicas, aislamiento diplomático y guerra psicológica. El objetivo: forzar un cambio de régimen en Caracas sin necesidad de una invasión directa, aunque sin descartarla.
América Latina: entre la diplomacia y la resistencia
La región ha reaccionado con preocupación. Líderes como Gustavo Petro (Colombia), Lula da Silva (Brasil) y Claudia Sheinbaum (México) han rechazado categóricamente cualquier acción militar, incluso sin apoyar directamente al gobierno de Maduro. La reciente cumbre de la CELAC reafirmó el carácter de “zona de paz” del Caribe, subrayando el consenso regional contra la militarización del conflicto⁽¹⁾⁽³⁾.
Esta postura refleja no solo un compromiso con la soberanía regional, sino también el temor a un efecto dominó: una intervención en Venezuela podría desestabilizar a países vecinos, generar flujos migratorios masivos y abrir la puerta a nuevas formas de injerencia externa.
China y Rusia: aliados estratégicos de Caracas
Tanto China como Rusia han expresado su rechazo a cualquier intervención militar en Venezuela. Rusia ha calificado las acciones de Washington como “fuera de la ley” y ha denunciado el uso de pretextos como el narcotráfico para justificar una agresión armada⁽⁴⁾. Ambos países tienen intereses económicos y geopolíticos en Venezuela, desde inversiones en petróleo hasta acuerdos militares y tecnológicos.
Una intervención estadounidense podría escalar en un conflicto indirecto con estas potencias, reeditando dinámicas de la Guerra Fría en suelo latinoamericano. Además, fortalecería la narrativa de un mundo multipolar en el que el unilateralismo estadounidense es desafiado por nuevas alianzas globales.
Estados Unidos: polarización interna y cálculo electoral
En el plano doméstico, una intervención en Venezuela podría tener efectos ambivalentes. Por un lado, el presidente Donald Trump podría usarla para reforzar su imagen de líder fuerte ante su base electoral, especialmente en estados clave como Florida, donde la comunidad venezolana exiliada tiene peso político.
Por otro lado, sectores del Congreso, la prensa y la sociedad civil han expresado su preocupación por una posible “aventura militar” que recuerde los errores de Irak o Afganistán. La intervención podría convertirse en un tema divisivo en la campaña presidencial, polarizando aún más el ya tenso clima político estadounidense⁽²⁾.
Un tablero de alto riesgo
La posibilidad de una intervención armada en Venezuela no solo amenaza con desatar una crisis humanitaria y militar en la región, sino que también podría reconfigurar el equilibrio global de poder. América Latina, China y Rusia han dejado claro que no aceptarán pasivamente una acción unilateral. En este contexto, la diplomacia, el multilateralismo y el respeto al derecho internacional son más urgentes que nunca.
Foto : Espacio Aéreo / El Colombiano


