Luis Gilberto Caraballo
“No podía pintar sino amaneceres.
Pintándolos se me olvidaban siempre las
gaviotas. Debe ser porque el color de su
vuelo tiene luz en otra hora”.
Armando Reverón
Me atrapó el silencio de tus horas.
El lienzo venía surcado por
grandes arterias en la tela blanco,
más blanco que el amanecer.
Más puro que una cala blanca
tibia con sus labios de nubes,
más profundo el silbido en mi pecho,
y oleajes rotos en la orilla blancos de azules salvajes
aterrados a la orilla.
Así me vacío siempre con las gotas
sangrantes y dulces la agonía urgente
al intentar alcanzar el abismo de los pasos.
Cada vez que intento tras sí,
solo recuerdo la iluminación,
una vertiente relámpago blanco
en el iris cerebral tiemblan
las hebras del dolor el pincel en la mano pulsa amor un jardín desbatado. Y solo intento no perderte,
salvar en pinceladas tus horas.
Distante astro y estrella lejana
luz cruzas como corcel
sabana de largo aliento
vuelas como gaviota en olvido
tus alas sueñan memoria de trazos
y noches en olvido
trasegadas.
Miro a mis ojos
sobre el lienzo encima de la paleta
los murmullos de la voz,
miro y vuelvo a ver.
A otro distante más hermoso
y de pelos crespos,
despeinado por el mar
con los ojos consternados de luz.
Más certeros en cielo
de otro tiempo, te encuentro
en un espejo de inacabados sueños. (Extracto del poemario iluminaciones de un lienzo)