Por Luis Carlucho Martín
La crónica del compañero Pedro Delgado publicada en la edición 342 de la revista Épale, titulada El último vuelo, referida a la tragedia de Los Azores donde fallecieron 61 miembros del Orfeón Universitario, despertó estas líneas en las que además mencionamos casos similares porque estamos en plena conmemoración a los Fieles Difuntos en el día de los muertos. La idea, según la tradición católica, es elevar plegarias sobre todo por esos muertos que andan vagando por el Purgatorio en estado de purificación. Que en paz descansen…
Tenemos el caso de los 50 fallecidos entre maestros, familiares y turistas, ocurrido en el Parque La Llovizna, Bolívar, el domingo 23 de agosto de 1964 durante la Convención Nacional de Maestros. Simplemente un problema con las guayas de un puente colgante y eso quedó así.
Aun se llora a los 27 alumnos del Colegio San José, fallecidos en un accidente aéreo en el Páramo Los Torres de Trujillo, el 15 diciembre de 1950, en cuya memoria se construyó la casa de retiros espirituales San Javier del Valle en Mérida. Simplemente un accidente y no sucedió nada.
Presente está nuestro querido Grupo Madera, que sucumbió el 15 de agosto de 1980, junto al grupo Chinchón del Teatro de la UCV, cuando nadie sabe cómo se abrieron las puertas de la chalana que los transportaba por el río Orinoco, desde Samariapo hacia el cielo. La investigación quedó en nada.
Igual, mencionamos a las víctimas causadas por desastres naturales como los del Río El Limón del estado Aragua y la explosión del gasoducto de la Autopista Regional del Centro; además de las incontables víctimas del deslave de La Guaira en 1999.
No obstante, nos centramos en las interrogantes surgidas a raíz del caso del Orfeón Universitario: “¿Por qué, en plena Venezuela Saudita, (durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez) se le negó 300.000 bolívares al grupo para volar en Viasa que, además, era del Estado? ¿Por qué el militar gringo encargado de la torre de control de Lages (aeródromo de la OTAN) no estaba en su puesto, sino jugando billar? ¿Por qué fueron transferidos a Alaska los marines que estaban esa noche en Lages? ¿Por qué no funcionó el radar?”…. Agregamos: Y no sucedió nada.
Iban a representar al país en el Festival Internacional del Canto Coral, el 4 de septiembre de 1976, en Barcelona, España. El gobierno decidió enviarlos (en un viaje que no tuvo retorno) en un avión Hércules de la FAV. Volaron a riesgo porque había advertencia por el huracán Emmy, que impidió la escala planificada para abastecer combustible. Cuando los pilotos se comunicaron con la torre de control recibieron respuesta de un soldado que solo hablaba portugués. Caos. Al tercer intento de aterrizar, la aeronave sin gasolina se estrelló. No hubo sobrevivientes. Tampoco hubo justicia… A manera de homenaje se le dio el nombre de Vinicio Adames (director musical fallecido en el accidente) al parque Hoyo de La Puerta, que hoy espera un cariñito…y ellos, todos, esperan justicia.
