En 1965, Carmen Rendiles tomó una decisión que cambiaría el rumbo de la historia religiosa en Venezuela: liderar la separación de las Siervas de Jesús locales de su rama francesa para fundar una congregación propia, las Siervas de Jesús de Venezuela. Este paso audaz respondió a la necesidad de adaptar la misión a las realidades del país, marcando un hito en la autonomía de la Iglesia venezolana.
Nacida en Caracas el 11 de agosto de 1903 y fallecida el 9 de mayo de 1977, Rendiles vivió con una prótesis debido a la ausencia de su brazo izquierdo desde el nacimiento, un detalle que no limitó su capacidad para dejar una huella profunda en la educación y el servicio social. Su obra, centrada en los más desfavorecidos, sigue siendo un pilar de inspiración en el país.
La fundación de la congregación no fue un acto impulsivo, sino el resultado de años de dedicación y liderazgo. Rendiles ingresó a la vida religiosa en 1927, uniéndose a las Siervas de Jesús, una orden de origen francés que llegó a Venezuela en el siglo XIX. Con el tiempo, asumió roles clave, como superiora provincial, y desde esa posición identificó la importancia de crear una institución con identidad propia que respondiera a las necesidades locales. En 1965, tras negociaciones con las autoridades eclesiásticas, logró establecer la nueva congregación, que rápidamente se expandió con la apertura de escuelas, casas de formación y centros de atención a los pobres. Su visión transformó la manera en que la Iglesia abordaba la educación y la caridad en Venezuela.
El impacto de Carmen Rendiles trasciende las fronteras de su congregación. Durante su vida, supervisó la creación de múltiples colegios que ofrecían educación gratuita o accesible a niños de escasos recursos, un esfuerzo que buscaba romper el ciclo de la pobreza mediante el conocimiento.
Además, su ejemplo personal de superación resonó entre quienes la conocieron: a pesar de su discapacidad, dirigía con firmeza y ternura, siempre con una sonrisa que transmitía paz. Su muerte en 1977 marcó el fin de una era, pero también el inicio de un culto que creció con los años. Testimonios de quienes afirmaban haber recibido favores por su intercesión comenzaron a circular, preparando el terreno para su reconocimiento oficial por parte de la Iglesia.
La beatificación de Rendiles, celebrada el 16 de junio de 2018 en Caracas, consolidó su lugar como ícono de fe y resiliencia. El proceso se sustentó en el milagro de la curación de la doctora Trinette Durán en 2003, pero su legado va más allá de lo sobrenatural.
Cada 9 de mayo, día de su fiesta litúrgica, miles recuerdan su vida y obra, viendo en ella un modelo de cómo la fe y la determinación pueden construir un futuro mejor. Para los venezolanos, la Beata Carmen Rendiles es un recordatorio de que las limitaciones no definen a una persona, sino sus acciones y su corazón.
Hoy, las Siervas de Jesús de Venezuela continúan su misión, manteniendo vivos los ideales de su fundadora en un contexto de desafíos sociales.