Por Luis Carlucho Martín
Cuando Roberto Sholtz y Alberto Müller celebraron haberse enchufado con un militar de confianza de José Vicente Gómez –hijo del entonces Presidente, Juan Vicente Gómez–, estaban por cristalizar un gran negocio, que años más tarde sería una de las principales industrias del país, generadora de cultura y de bastante biyuyo.
“Gracias coronel Arturo Santana”, dijeron al unísono Sholtz y Müller, a quien les facilitó los trámites para darle vida en Venezuela, y más específicamente en Caracas, al invento que a principios del siglo XX le diera nacimiento a la radio en el país. Todo un acontecimiento que marcó el crecimiento cultural de Venezuela. Fue el 23 y no el 20 de mayo de 1926 cuando aquel intrépido trío se dio la mano definitivamente al echar a andar ese monstruo de altísima penetración en el público y que desde entonces ha guiado en gran medida la bitácora del país.
Sin dudas, el 20 fue un día crucial de pruebas de transmisiones para garantizar el éxito final de las transmisiones oficiales que iniciarían tres días más. AYRE fue el nombre de aquella primera emisora de radio en Amplitud Modulada (AM), a través de la cual, la magia de las ondas hertzianas llegó al pueblo en forma de mensajes, informaciones, programas y mucha publicidad; y hoy prevalece como el medio de mayor alcance. Ni siquiera con la internet y sus diversas variedades en redes la radio ha perdido su importancia ni su valor. Basta tener un aparato receptor y una pila, sin importar si hay o no –hoy todo un lujo– energía eléctrica. Así de contundente es el poder de este medio de comunicación.
Inicialmente tuvo alcance de 3.200 kilómetros. Operaba en los terrenos del actual Nuevo Circo. Emitían desde un Western Electric de 1Kw apoyados con una antena a unos 70 metros de altura. Fue transformándose –según exigencias del modernismo y de las técnicas–, en una productiva industria que atrapó a toda la ciudadanía ávida de información oportuna y que no contaba con otros medios, porque aún no existía la televisión… Eso fue un plus para unir a la familia en torno a un aparato de radio. Noticias de cualquier tipo, radionovelas, series y publicidad completaban el contenido.
Esa emisora inicial, por razones de orden político salió del aire debido a los conflictos de 1928 –La Generación del 28– y dos años más tarde surgió una corporación radial, inicialmente YVI Broadcasting Caracas y luego pasó a ser Radio Caracas, pionera del poderoso grupo de medios 1BC, que desde sus inicios basó su programación en géneros dramáticos.
Aquel trío inventor –basado en las luces iniciales del italiano Giglielmo Marconi, considerado el padre de la radio mundial– la bateó de jonrón al darle vida a su proyecto en Venezuela, quizás sin imaginar el éxito rotundo que tendría unas décadas más adelante su aporte. Marcaron historia programas como Ángeles de la calle, con el entonces imberbe Jorge Tuero (fallecido durante la tragedia de Vargas en 1999); El Galerón Premiado, donde don Rafael Guinand contestaba denuncias e inquietudes a manera de versos; el noticiero Panorama Universal, o series como Tamakún El Vengador Errante, Frijolito y Robustiana, o revistas musicales como A Gozar Muchachos, amenizado por la Billos Caracas Boys en vivo, conducida por el joven Musiú Lacavalerie…, entre otras.
Luchas intestinas de corte internacional citan el nombre del ruso Aleksandr Popov como creador del aparato receptor de las ondas; no obstante, Marconi –junto al físico alemán Carl Ferdinad– fue el ganador del Premio Nobel de 1909 debido a su aporte a las comunicaciones por radio, con efectivos resultados, incluso años más tarde, en los rescates marítimos del Titanic y del Luisana, y otros tantos; además de transmisiones de eventos internacionales como la regata America Cup Sandy Hook de Estados Unidos.
Como fuere, Venezuela aplaude el invento y celebra además desde 1926, el 6 de junio el día de la radiodifusión porque en esa fecha se entrega la licencia legal para las transmisiones radioeléctricas en el país. Por su parte, la ONU decreta, desde el 2012, el 13 de febrero Día Mundial de la Radio. ¡A celebrar, pues! «Y ahora, los dos ligaditos».
Imagen: cortesía Toty López